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50 diferencias que marcan la diferencia


**Note for non-Spanish speakers: This is an article I translated from English to Spanish. If you’re interested in reading the original article, please check here. You can also compare it with my translation here


¿Cuántas veces has escuchado hablar de que una persona es antisocial porque no le gusta socializar? ¿Sabes cuál es la diferencia entre tener ansiedad y tener miedo? ¿Cuándo podemos hablar de recaída en el contexto de los trastornos mentales? ¿Crees que las personas con esquizofrenia tienen varias personalidades? Si no estás seguro sobre estas cuestiones y otras más, vale la pena que eches un vistazo a esta entrada para que aclares tus dudas.

Asocial meme

Skeletor, que es antisocial, en un meme que resalta su faceta más asocial

Mi intención con esta entrada era compartir algo que fuera de utilidad para muchas personas como inauguración de este blog. El artículo que traduje para esta entrada no es nuevo, pero debido al énfasis que pone en la terminología correcta en psicología, me parece muy útil tanto para psicólogos (y estudiantes de psicología) como para traductores interesados en el ámbito de la psicología.

El artículo «50 diferencias que marcan la diferencia: compendio de parejas de términos de psicología que se confunden con frecuencia» fue publicado por un grupo de investigadores, entre los que se incluye Scott Lilienfeld, que fue un escéptico, defensor y divulgador de la psicología científica y coautor de 50 grandes mitos de la psicología popular: las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana.

Debido a la cantidad de términos que se incluyen en este artículo, los autores tocan de pasada temas muy complejos que pertenecen a ámbitos de estudio especializados prácticamente en cada párrafo. Sin embargo, creo que a pesar de la brevedad, sirve como un excelente punto de partida para profundizar en lo que más te llame la atención. Estoy a tu disposición si quieres saber qué bibliografía utilicé para esta traducción y puedes ponerte en contacto conmigo aquí.

Finalmente, y para no extenderme más porque el artículo se explica por sí solo, si tienes interés en el aspecto terminológico puedes ver los términos que he recopilado tanto en inglés como en español en este enlace: Glosario 50 parejas de términos que se confunden con frecuencia.

La versión que verás en esta entrada no incluye la lista de referencias debido a su extensión, así que si quieres leer la versión completa o descargar una versión en pdf, haz clic aquí.

*Esta traducción es fiel al original, el único cambio realizado (aparte de los que conlleva toda traducción) ha sido la adaptación de las citas y la lista de referencias a la última edición de las normas APA (7.ª edición).

Original de acceso libre: Lilienfeld, S., Pydych, A., Lynn, S., Latzman, R. & Waldman, I. (2017). 50 Differences That Make a Difference: A Compendium of Frequently Confused Term Pairs in Psychology. Frontiers in Education, 2, 37. https://doi.org/10.3389/feduc.2017.00037


Índice


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50 DIFERENCIAS QUE MARCAN LA DIFERENCIA: COMPENDIO DE PAREJAS DE TÉRMINOS DE PSICOLOGÍA QUE SE CONFUNDEN CON FRECUENCIA

Scott O. Lilienfeld1,2, Ava L. Pydych3 , Steven Jay Lynn4 , Robert D. Latzman5 e Irwin D. Waldman1

1 Departamento de Psicología, Emory University, Atlanta (GA, Estados Unidos)

2 Departamento de Psicología, University of Melbourne (Parkville, VIC, Australia)

3 Departamento de Psicología, St. Olaf College, Northfield (MN, Estados Unidos)

4 Departamento de Psicología, Binghamton University, Binghamton (NY, Estados Unidos)

5 Departamento de Psicología, Georgia State University, Atlanta (GA, Estados Unidos)


Comprender adecuadamente la terminología especializada es un requisito previo para dominar los conceptos esenciales de todas las disciplinas científicas, entre las que se encuentra la ciencia psicológica. En un artículo anterior (Lilienfeld et al., 2015), presentamos una lista comentada de 50 términos de psicología muy usados que en general es mejor evitar o que, como mucho, deben usarse con sensatez y reservas en casos seleccionados. En este artículo presentamos una especie de secuela en forma de lista con 50 parejas de términos de psicología y disciplinas afines (por ejemplo, psiquiatría, antropología cultural y estadística) que se confunden frecuentemente en la literatura académica o en la de divulgación. Sacamos estos términos de varios campos de la psicología, tales como, sensación y percepción, aprendizaje y memoria, fundamentos sociales y culturales de la conducta, psicología de la personalidad, psicopatología, y metodología de la investigación y estadística. No solo los estudiantes de psicología principiantes suelen confundir muchos de estos términos, sino también los estudiantes avanzados y docentes de psicología, y periodistas científicos. Confiamos en que nuestra lista de parejas de términos de psicología que se confunden frecuentemente sea una contribución modesta hacia la mejora de la adquisición de las competencias en psicología y, de forma más amplia, del pensamiento crítico en psicología.

Palabras clave: terminología científica, vocabulario especializado, conceptos obstaculizadores, términos que se confunden con frecuencia, adquisición de competencias en psicología

Todas las ciencias dependen del lenguaje especializado o jerga y la psicología no es una excepción. En efecto, comprender correctamente la terminología es un requisito para el dominio de los conceptos esenciales de cualquier disciplina científica, debido a que los términos son referentes de los conceptos (Cohen, 2012). Por lo tanto, no es de sorprender que los docentes de todas las ciencias, incluida la ciencia psicológica, dediquen, por lo general, una gran parte de sus cursos a garantizar la comprensión adecuada de la terminología de sus disciplinas (Yager, 1983).

Muchos estudiantes de psicología, e incluso algunos docentes principiantes de psicología, se topan con una abrumadora, y a veces confusa, cantidad de términos psicológicos. En gran parte, esto se debe a que existen muchas parejas de términos en esta disciplina que, a primera vista, parecen aludir a conceptos parecidos o idénticos, pero que en realidad son considerablemente distintos. En otros casos, las parejas de términos de psicología corresponden a conceptos afines que, a pesar de eso, se diferencian de formas sutiles pero significativas. Varias de estas parejas de términos corresponden a conceptos obstaculizadores en psicología (Gurung y Landrum, 2013). Los conceptos obstaculizadores (por ejemplo, reforzamiento, discriminación y memoria a corto plazo) son ideas psicológicas que son engañosamente difíciles pero que no lo aparentan, lo que lleva a los estudiantes a tener una falsa sensación de confianza en su comprensión. Si no se dominan de forma temprana, estos conceptos pueden obstaculizar el aprendizaje de otras ideas de la psicología.

En los últimos años, varios especialistas en el campo de la formación psicológica han resaltado la importancia de la adquisición de competencias en psicología (Boneau, 1990; Cranney y Dunn, 2011; Hulme, 2014) como un objetivo clave para los estudiantes de grado y de posgrado. Aunque el concepto de adquisición de competencias en psicología es multifacético, uno de sus componentes esenciales es la comprensión de la terminología pertinente de la disciplina, especialmente un vocabulario bien definido y conocimientos básicos de la materia de estudio fundamental de la psicología (Roberts et al., 2015, p. 2; véase también McGovern et al., 2010).

En un artículo anterior (Lilienfeld et al., 2015), presentamos una lista comentada de 50 términos de psicología muy usados que en general es mejor evitar o que, como mucho, deben usarse con sensatez y reservas en casos seleccionados. Debido a las restricciones de espacio, en ese artículo excluimos las parejas de términos que suelen confundirse, pero prometimos a los lectores que presentaríamos esos términos en un próximo artículo. Tal y como prometimos, este artículo es una especie de secuela de nuestro artículo anterior y presentamos una lista de 50 parejas de términos de psicología y disciplinas afines (por ejemplo, psiquiatría, antropología cultural y estadística) que se confunden frecuentemente en la redacción académica, divulgativa o de libros de texto.

Aunque algunos autores han creado listas útiles de parejas de términos que suelen confundirse en psicología (véase, por ejemplo, Sternberg y Sternberg, 2010), ninguna de ellas ha tenido como objetivo abordar de forma completa ni extensa este tema. Además, prácticamente la totalidad de estas listas se han centrado en parejas de términos que resultan confusos exclusivamente, o casi exclusivamente, para estudiantes de psicología principiantes. En este artículo, intentamos llenar este vacío al presentar parejas de términos que suelen confundirse en varios ámbitos de la psicología, tales como, aprendizaje, memoria, emoción, psicología social, personalidad, psicopatología, metodología de la investigación y psicometría. A diferencia de los autores anteriores, nos centramos en parejas de términos que no solo son confusos para estudiantes de psicología principiantes, sino también para estudiantes avanzados y docentes de psicología, y redactores científicos. Por esta razón, nuestra lista debería hacer las veces de guía didáctica útil para profesores y estudiantes de psicología y disciplinas afines, así como para científicos que describen y exponen su investigación, y para periodistas científicos que escriben de forma frecuente sobre temas de psicología.

50 PAREJAS DE TÉRMINOS DE PSICOLOGíA QUE SE CONFUNDEN CON FRECUENCIA

Sensación, percepción, aprendizaje y memoria

1) Reforzamiento negativo y castigo. Cualquier estudiante de psicología principiante está familiarizado con esta distinción porque sabe (o al menos lo ha aprendido) que el reforzamiento negativo, que implica la retirada de un estímulo tras una conducta, aumenta la probabilidad de ocurrencia de esta; mientras que el castigo, que implica la presentación de un estímulo tras una conducta, disminuye su probabilidad de ocurrencia (Baron y Galizio, 2006). Sin embargo, esto no ha evitado que se utilicen estos términos erróneamente en varias fuentes de divulgación e incluso series de televisión, como The Big Bang Theory (véase https://www.youtube.com/watch?v=LhI5h5JZi-U); por no hablar de la confusión generalizada en generaciones de estudiantes del grado de psicología (Tauber, 1988). Como ejemplo, en una noticia titulada «Futbolistas británicos reciben reforzamiento negativo», el periodista (Michelson, 2011) describió una norma según la cual los jugadores de un equipo de fútbol británico se vieron obligados a conducir un coche viejo y feo durante una semana después de obtener resultados desastrosos en un partido. De hecho, casi con toda seguridad, la dirección del equipo estaba castigando, no reforzando negativamente, la conducta de los jugadores con un mal rendimiento. Probablemente sobra decir que el término «reforzador castigador» (véase, por ejemplo, Gupta y Shukla, 1989) es un grandísimo oxímoron, al menos en la jerga conductual.

2) Efecto de renovación y recuperación espontánea. Ambos términos describen un fenómeno del condicionamiento clásico que aparece después de la extinción de una respuesta condicionada. El efecto de renovación alude a la reaparición después de un cambio en el contexto actual de aprendizaje de una respuesta condicionada que se había extinguido. Por ejemplo, después de un tratamiento de exposición con resultados satisfactorios que tenía como objetivo extinguir el miedo a las arañas en un contexto de laboratorio, es posible que las personas vuelvan a presentar este miedo cuando se encuentren una araña en otro contexto, como en el patio (Mystkowski et al., 2002). Por otro lado, la recuperación espontánea se refiere a la reaparición con el paso del tiempo de una respuesta condicionada que se había extinguido (Bouton, 2004).

3) Sensación y percepción. Casi con total seguridad, los procesos de sensación y de percepción se engloban en un espectro continuo. Sin embargo, el término sensación se ha considerado desde siempre como la fase inicial de detección de datos sin procesar del entorno mediante uno o más sentidos (por ejemplo, vista, oído y olfato), mientras que percepción tradicionalmente ha hecho referencia a la fase posterior de interpretación de estos datos sin procesar y su transformación en información con significado (Ben-Zeev, 1984).

4) Memoria operativa y memoria a corto plazo. Aunque estos términos se suelen utilizar indistintamente (véase, por ejemplo, Veletsianos y Russell, 2014), la mayoría de científicos contemporáneos de psicología cognitiva los diferencian. Específicamente, la memoria operativa (o memoria de trabajo) se suele considerar como un grupo de sistemas interrelacionados para el almacenamiento pasajero y la manipulación de información. Por otra parte, la memoria a corto plazo se suele definir como un sistema específico dentro del modelo más amplio de la memoria operativa. Puntualmente, se le considera un sistema que funciona a modo de «bloc de notas» para mantener la información activa en la memoria durante unos segundos antes de pasarla a otros sistemas a fin de continuar su procesamiento (Baddeley, 1986; Cowan, 2008).

Fundamentos sociales y culturales de la conducta

5) Conformidad y obediencia. Aunque ambos términos apuntan a formas de influencia social, se diferencian en, al menos, dos aspectos: en la conformidad, la dirección de la influencia social es «horizontal», es decir, va de uno o más iguales hacia la persona, mientras que, con la obediencia, la dirección es «vertical», es decir, va de una o más figuras de autoridad hacia la persona. Además, en la conformidad, la influencia está normalmente implícita (encubierta) pero, por lo general, la obediencia es habitualmente explícita (observable) (Loevinger, 1987). Por ejemplo, los famosos estudios de Asch (1956), en los que se emitían juicios sobre líneas, y de Milgram (1963), en los que había un generador de descargas eléctricas, se consideran correctamente investigaciones sobre conformidad y obediencia respectivamente. A pesar de esta distinción, algunos autores se refieren a los estudios de Milgram como estudios de conformidad (véase, por ejemplo, Wite, 1987).

6) Prejuicio y discriminación. Prejuicio se refiere a una creencia, mientras que discriminación hace referencia a una conducta observable. En concreto, el prejuicio describe la tendencia a prejuzgar a los demás, es decir, emitir juicios negativos prematuros de las personas a partir de su pertenencia a una o más categorías (por ejemplo, afroestadounidense, judío, obeso, republicano). Por otro lado, la discriminación hace referencia al acto de tratar negativamente a los demás, por ejemplo, insultarlos, asignarles menos recursos o decidir no contratarlos, por razón de su pertenencia a una o más categorías (Hale, 2002).

7) Raza y grupo étnico. La raza se refiere a una categoría, como caucásico o afroestadounidense, que se define por sus diferencias biológicas, tales como tener la piel blanca frente a tenerla morena o negra. Por el contrario, grupo étnico es un concepto más amplio, como alemán o chinoestadounidense, que no solo incluye la raza, sino que también abarca variables culturales, tales como país de origen, costumbres e idioma predilecto (Schwartz et al., 2016).

8) Sexo y género. Es cierto que esta distinción no es universal. No obstante, según la última edición del manual de estilo de la American Psychological Association (2010), sexo debe reservarse para las diferencias biológicas, mientras que género se reserva para las diferencias sociales. Por ejemplo, cuando se hace referencia a hombres y mujeres en el contexto de grupos sociales definidos, por lo general, se debería utilizar género y no sexo.

Psicología de la personalidad

9) Afecto y estado de ánimo. Estos dos términos suelen utilizarse en la literatura psicológica de formas incoherentes y confusas. Sin embargo, en el lenguaje psiquiátrico clásico y en concordancia con su significado en la exploración habitual del estado mental, afecto alude tradicionalmente a un estado emocional efímero y en gran parte específico, y estado de ánimo lo hace a un estado emocional más duradero y generalizado (Manjunatha et al., 2008).

10) Ansiedad y miedo. Muchos autores utilizan estos términos indistintamente. Por ejemplo, Wolpe (1987) decidió hablar de ansiedad y miedo como si fueran sinónimos porque consideraba que fisiológicamente eran indiferenciables (p. 135). Sin embargo, un corpus coherente de publicaciones científicas revela que las medidas de ansiedad y miedo muestran una correlación débil o, como mucho, moderada y presentan distintos correlatos psíquicos y funcionales (White y Depue, 1999; LeDoux y Pine, 2016). Por ejemplo, la ansiedad suele estar lateralizada en el hemisferio izquierdo del cerebro y el miedo en el derecho (Sylvers et al., 2011). La mayor parte de las publicaciones científicas indica, además, que la ansiedad se relaciona con un afecto negativo en presencia de una amenaza ambigua y posiblemente evitable y que, por el contrario, el miedo se relaciona con un afecto negativo en presencia de una amenaza inminente y prácticamente inevitable. Además, cuando la amenaza desaparece, la ansiedad tiende a persistir, mientras que el miedo tiende a disminuir o desaparecer (Sylvers et al., 2011).

11) Empatía y simpatía. Aunque el constructo empatía parece ser heterogéneo y a menudo se define incorrectamente (Zaki, 2014), la mayoría de los autores la definen como la capacidad de entender o captar las emociones de los demás. A ojos de la mayoría de los investigadores (véase, por ejemplo, Bloom, 2017) pero no de todos (véase, por ejemplo, Baron-Cohen, 2011), el que una persona sienta empatía supone experimentar las mismas emociones que el destinatario de la empatía, tales como sufrimiento, miedo o tristeza. Por otro lado, con la simpatía, normalmente se siente preocupación o compasión por la otra persona (Clark, 2010; Decety y Michalska, 2010). Según la mayoría de los autores, la empatía implica que la experiencia emocional de las dos personas es en gran medida idéntica, pero en la simpatía, esta experiencia tiende a divergir considerablemente.

12) Envidia y celos. Estos términos se confunden frecuentemente en el habla popular (por ejemplo, «¡qué celos me da tu viaje a Hawái de la semana que viene!») y pocas personas son conscientes de que no significan lo mismo, aunque la diferencia entre ambos sea normalmente bastante clara. Por un lado, la envidia implica a dos personas y, por otro lado, los celos implican a tres o más personas (Smith y Kim, 2007). A modo de ejemplo, la emoción negativa que una persona sentiría al enterarse de que un colega académico ha recibido el ansiado Premio Nobel es envidia. Por el contrario, la emoción negativa que esta persona podría sentir al enterarse de que ese ganador del Premio Nobel invitó a su colega a una cena privada corresponde a los celos. Así que se siente envidia, y no celos, de que un amigo se vaya a Hawái la semana que viene.

13) Represión y supresión. En la jerga psicoanalítica, la represión es un mecanismo de defensa caracterizado por un olvido originado inconscientemente de contenido desagradable. Por otra parte, la supresión es un mecanismo de defensa que se caracteriza por olvidar conscientemente contenido desagradable (Akhtar, 2009). Algunos autores sostienen, con argumentos fundados, que los estudios de laboratorio ampliamente citados que afirman haber encontrado datos persuasivos a favor de la represión (véase, por ejemplo, Levy y Anderson, 2002), realmente solo proporcionan datos sobre la supresión (Kihlstrom, 2002).

14) Vergüenza y culpa. Prácticamente todos los expertos están de acuerdo en que la vergüenza y la culpa son diferentes, a pesar de que no siempre han coincidido en la índole de esta diferencia. En la mayor parte de las investigaciones se señala que la vergüenza corresponde a una evaluación global negativa de la propia persona después de realizar una conducta problemática o poco ética («Soy malo») y la culpa corresponde a una evaluación negativa más específica de esta conducta («Hice algo malo») (Tangney, 1996). Además, algunos investigadores indican que la vergüenza tiende a estar relacionada con conductas de evitación y la culpa con conductas de aproximación, las cuales buscan reparar los daños causados por la acción (Schmader y Lickel, 2006).

15) Subconsciente e inconsciente. Peter Gay (2006), el biógrafo de Freud, escribió que la tendencia a usar el término subconsciente en lugar de inconsciente es un error común y revelador (p. 473). Pese a que Freud utiliza el término subconsciente en sus primeras obras para hacer referencia a la zona de la mente que se encuentra justo debajo de la consciencia (véase, por ejemplo, Freud, 1895), después dejó de usar este término. Algunos psicólogos cognitivos siguen utilizándolo para describir los contenidos mentales de los que la persona no es consciente en ese momento, pero a los que la consciencia tiene la capacidad de acceder (véase, por ejemplo, Welsh y Ordóñez, 2014). En referencia a esto, el procesamiento subsconsciente se diferencia del inconsciente en que el segundo no es accesible a la consciencia.

Psicopatología

16) Antisocial y asocial. Las personas antisociales llevan a cabo acciones en contra de los demás, como es el caso de quienes cumplen los criterios para el diagnóstico de trastorno de la personalidad antisocial de la edición actual del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) de la American Psychiatric Association (2013) (Patterson et al., 1992). Estas personas se comportan frecuentemente de forma temeraria, irresponsable y, a veces, ilegal. En cambio, las personas asociales muestran un patrón prolongado de distanciamiento de los demás (Henle, 2005) y puede que sean tímidas o no tengan interés en el contacto interpersonal. Por lo tanto, esta distinción se obvia en el artículo del Huffington Post en el que se menciona que la idea de que los introvertidos son antisociales o que no desean la compañía de otras personases totalmente falsa (Gregoire, 2013).

17) Catalepsia y cataplejia. Ambos términos hacen referencia a posibles indicadores de un trastorno mental, pero se diferencian considerablemente a pesar de su aparente similitud. La catalepsia es un estado de rigidez muscular e inflexibilidad postural que se observa en la esquizofrenia con síntomas catatónicos marcados, así como en ciertas enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Parkinson (Chalasani et al., 2005; Morrison, 2014). Por otro lado, la cataplejia se define como una pérdida total y repentina, pero temporal, del tono muscular. Es un síntoma característico de la narcolepsia, que es un trastorno del sueño (Dauvilliers et al., 2007), y que con frecuencia se desencadena por emociones fuertes. Aun así, ambos síntomas se confunden en varios sitios web, e incluso en algunos libros (McKenzie, 2014).

18) Clasificación y diagnóstico. La clasificación es la acción de elaborar un sistema de nomenclatura que permita a los investigadores y profesionales asignar categorías a las personas, organismos, objetos, elementos u otras entidades. Por ejemplo, el DSM y la Clasificación internacional de enfermedades constan de sistemas de clasificación de diagnósticos psiquiátricos y ambos se solapan, aunque en parte rivalizan. Por el contrario, un diagnóstico es la acción de asignar a las personas a una o más categorías que forman parte de un sistema de clasificación (Waldman et al., 1995). De ahí que se confundan ambos términos cuando se afirma que la esquizofrenia indiferenciada es una clasificación que se utiliza cuando una persona muestra conductas que encajan mejor en dos o más de los otros tipos de esquizofrenia (Ali, 2016).

19) Delirio y alucinación. Los delirios son creencias falsas fijas que no comparten la mayoría de los demás miembros de la cultura o subcultura de la persona. Por otro lado, las alucinaciones son experiencias perceptivas que ocurren en ausencia de un estímulo sensorial (American Psychiatric Association, 2013). Estos términos se confunden ampliamente en la cultura popular y también, de forma ocasional, en los estudios revisados por pares. Por ejemplo, un equipo de autores escribió que uno de los mecanismos subyacentes a las alucinaciones persecutorias es la malinterpretación de las intenciones de los demás y la creencia en la naturaleza asociativa de hechos no relacionados (Landgraf et al., 2011, p. 8). Debido a que los delirios son creencias erróneas, los autores querían, probablemente, hablar de estos, y no de alucinaciones. Gran parte de la confusión entre estos dos conceptos surge probablemente de que aparecen juntos con frecuencia. Por ejemplo, muchos pacientes que escuchan voces con contenido persecutorio (una alucinación auditiva) tienen la convicción de que otras personas tienen la intención de hacerles daño (un delirio). Otro término que se confunde frecuentemente con alucinación es ilusión, que son interpretaciones equivocadas de estímulos reales (Kölmel, 1993).

20) Obsesión y compulsión. Como se indica en la última edición del DSM (American Psychiatric Association, 2013), las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusivos y no deseados (p. 235). Por otro lado, las compulsiones son conductas repetitivas o actos mentales que un individuo se siente impulsado a realizar en respuesta a una obsesión o de acuerdo con reglas que deben aplicarse rígidamente (p. 235). Por ejemplo, los pensamientos recurrentes de una posible contaminación son obsesiones, mientras que el lavado frecuente de manos con el fin de neutralizar o reducir la frecuencia de esos pensamientos, son compulsiones (Hamstra, 1995). Las obsesiones generan ansiedad, mientras que las compulsiones la reducen, al menos a corto plazo.

21) Psicopatía y sociopatía. La psicopatía, también llamada personalidad psicopática, es un trastorno de personalidad caracterizado por una combinación paradójica de características. Por un lado, encanto superficial, serenidad y poca ansiedad y, por otro, ausencia de sentimientos de culpabilidad, insensibilidad, falsedad y un control inadecuado de impulsos (Cleckley, 1941/1988; Hare, 1991/2003; Lilienfeld, 1994). Por el contrario, sociopatía es un término coloquial que hace referencia de forma variable a uno o más de entre cuatro conceptos. Específicamente, diferentes autores describen la sociopatía como una alteración: a) sinónima de la psicopatía (Mealey, 1995); b) parecida a la psicopatía, pero caracterizada por una regulación especialmente inadecuada de las emociones (Siciliano, 2014); c) con antecedentes considerables y de larga duración de conductas antisociales y delictivas que tienen origen principalmente sociocultural (Partridge, 1930; Lykken, 1995); o d) con antecedentes considerables y de larga duración de conductas antisociales y delictivas que se remontan al menos a la adolescencia (Robins, 1966), es decir, como una alteración más o menos sinónima del diagnóstico de trastorno de personalidad antisocial del DSM (American Psychiatric Association, 2013). Como observaron Berg et al. (2013), la sociopatía no es un término psiquiátrico ni psicológico formal y su uso indiscriminado parece haber generado poco más que confusión conceptual (p. 66). Por lo tanto, recomendamos la jubilación del término (cf., Pemment, 2013).

22) Psicosomático y somatomorfo. En los trastornos psicosomáticos, la persona presenta síntomas físicos reales que, según consideran algunos investigadores, se ven influidos por factores psicológicos. Por ejemplo, muchos autores consideran que algunas enfermedades de la piel e intestinales, como la psoriasis y el síndrome del intestino irritable respectivamente, tienen un componente al menos parcialmente psicosomático debido a que su expresión y evolución clínicas parecen estar influidas por acontecimientos vitales estresantes (véase, por ejemplo, Rieder y Tausk, 2012). Por el contrario, en los trastornos somatomorfos, como el trastorno de conversión, las personas se preocupan por síntomas físicos que no tienen una explicación médica clara (Mayou, 2014). Sin embargo, la última edición del DSM (American Psychiatric Association, 2013) se deshizo del término somatomorfo (y de la presunción añadida de ausencia de explicación médica clara) y se sustituyó por trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados, que es un término menos preciso. Esta nueva categoría pone el énfasis en las preocupaciones físicas excesivas con respecto a supuestos síntomas médicos en lugar de en síntomas sin explicación médica, lo que ha hecho llover críticas por parte de investigadores preocupados debido a que esto pueda ampliar el alcance de la psicopatología para incorporar reacciones a problemas físicos que son, en gran parte, normales (véase, por ejemplo, Frances, 2013).

23) Esquizofrenia y trastorno de personalidad múltiple (trastorno de identidad disociativo). Quizá está distinción ya es demasiado conocida como para tener que repetirla, pero su uso erróneo omnipresente en la cultura popular (véanse Duckworth et al., 2003, y Lilienfeld et al., 2009, para ver una gran cantidad de ejemplos) indica que puede ser necesario hacer un pequeño recordatorio. Por ejemplo, como Hacking (1995) apuntó, a ojos del público generales cumple la siguiente fórmula: personalidad múltiple = personalidad escindida = esquizofrenia (p. 9). Tal y como el gran psiquiatra suizo Eugen Bleuler (1911) observó, la esquizofrenia se caracteriza por una escisión grave de funciones (como la cognición, la emoción y la motivación) en una única persona. Por el contrario, en el trastorno de personalidad múltiple, ahora llamado trastorno de identidad disociativo (American Psychiatric Association, 2013), se supone que en la mente de la persona existen dos o más alter ego distintos, es decir, personalidades o estados de personalidad. Sin embargo, es necesario mencionar que muchos investigadores han puesto en duda que el trastorno de identidad disociativo realmente se caracterice por la coexistencia simultánea de distintos alter ego en una misma persona (Lilienfeld y Lynn, 2014).

24) Asesino en serie y asesino en masa. Poco después de la ejecución del conocido asesino Theodore (Ted) Bundy, un periodista se refirió a él como asesino en masa (Keller, 1989); pero, de hecho, Bundy era un asesino en serie, no un asesino en masa. El término asesino en serie hace referencia a alguien que asesina a varias personas en una serie de incidentes que se separan entre sí por periodos de «enfriamiento». En comparación, un asesino en masa como Seung-Hui Cho, el asesino de Virginia Tech de 2007, o James Holmes, el asesino de los cines de Aurora (Colorado) de 2012, cometen asesinatos de una gran cantidad de personas en un mismo incidente (Fox y Levin, 1998). A propósito de esto, los asesinos en serie deben diferenciarse de los asesinos itinerantes, cuyos episodios homicidas no se separan en periodos claros de enfriamiento.

25) Síntoma y signo. Los signos y síntomas son indicadores de un trastorno mental. Sin embargo, los síntomas son subjetivos y son los pacientes quienes informan que los sienten, mientras que los signos son en gran medida objetivos y los pueden observar los médicos y el resto de personas (Lilienfeld et al., 2016; véase también Lilienfeld et al., 2015). Por ejemplo, el cansancio es un síntoma frecuente del trastorno de depresión mayor, mientras que el retardo psicomotor (enlentecimiento del movimiento) es un signo frecuente de este.

26) Tangencialidad y circunstancialidad. Los psiquiatras familiarizados con la exploración del estado mental suelen encontrar confusa la distinción entre estos términos. En la tangencialidad o pensamiento tangencial, el paciente se sale del tema (es decir, la relación con el tema es tangencial) al responder una pregunta y nunca vuelve a él, a la vez que salta frecuentemente de un tema no relacionado a otro. Por el contrario, en la circunstancialidad o pensamiento circunstancial, el paciente más o menos se queda en el tema, pero da información detallada no relacionada y que suele ser irrelevante, y finalmente vuelve al tema original (Patel et al., 2006). Cuando la persona presenta tangencialidad, nunca llega a la meta (responder la pregunta), pero cuando presenta circunstancialidad, aunque llega a la meta, lo hace de una manera muy indirecta e ineficiente (como regla mnemotécnica para el segundo término, se puede pensar en las palabras círculo o circuito).

27) Transgénero y travesti. Una persona transgénero tiene una identidad de género diferente a su sexo biológico (cuando busca que se le realice una intervención médica para hacer la transición a un sexo distinto, se suele llamar transexual). Por otro lado, travesti es quien se viste con ropa que es diferente a lo que tradicionalmente llevan las personas de su sexo biológico. En español este es el único término utilizado, aunque en inglés se diferencia entre los términos transvestite y cross-dresser, y actualmente se da preferencia al segundo por considerar transvestite como estigmatizador y anticuado (Centers for Educational Justice and Community Engagement, 2016). El trastorno de travestismo, un diagnóstico del DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013) anteriormente llamado fetichismo travestista, se aplica a personas que casi siempre son hombres y que presentan: a) deseos irrefrenables, fantasías o comportamientos intensos y recurrentes relacionados con el hecho de travestirse; y b) consecuencias como malestar clínicamente significativo, deterioro o ambos. A diferencia de la mayoría de personas transgénero, las personas con fetichismo travestista suelen sentir atracción principalmente hacia personas del sexo biológico opuesto.

Metodología de la investigación y estadística

28) Alfa de Cronbach y homogeneidad. El coeficiente alfa de Cronbach (Cronbach, 1951) es la medida de consistencia interna más ampliamente utilizada en psicología, psiquiatría y disciplinas afines. Este estadístico es útil para determinar el grado en el que se obtendrán resultados comparables en otra muestra con un conjunto de ítems psicométricamente paralelos que conforman un test. Como consecuencia, el alfa de Cronbach es un reflejo de la estabilidad de una medida. Sin embargo, muchos autores creen erróneamente que es una buena medida de la homogeneidad de un test. Por ejemplo, al describir la consistencia interna de un grupo de indicadores de dolor, un equipo de autores hizo referencia a un coeficiente de homogeneidad del alfa de Cronbach (BenDebba et al., 2000, p. 91) de 0,82. Aun así, los especialistas en estadística desde hace tiempo han aceptado que el coeficiente alfa de Cronbach no suele ser una medida adecuada de la homogeneidad debido a que se ve afectado considerablemente por la longitud del test (Cortina, 1993; Sijtsma, 2009). A modo de ejemplo, incluso cuando la intercorrelación promedio entre los ítems es baja, el coeficiente alfa de Cronbach será normalmente alto si hay una cantidad suficientemente grande de ítems.

29) Validez discriminante y validez discriminativa. La validez discriminante hace referencia al grado en que una medida no está relacionada, total o parcialmente, con medidas de constructos con los que no guarda relación teórica (Campbell y Fiske, 1959; Cole, 1987). No obstante, muchos autores apelan erróneamente al término validez discriminante para hacer referencia a la capacidad de un test para discriminar entre dos grupos, tales como personas con y sin esquizofrenia, hombres y mujeres, o personas con y sin tendencias violentas (véase, por ejemplo, McCann et al., 2000). Este uso es incorrecto, ya que la capacidad de un test para diferenciar entre grupos es, realmente, un indicador de su validez convergente (Lilienfeld, 2004). El término adecuado para referirse a la capacidad de un test para distinguir entre dos grupos según una predicción teórica no es validez discriminante sino validez discriminativa (Haynes et al., 2011).

30) Validez externa y validez ecológica. La validez externa hace referencia al grado en el que los resultados de un estudio son generalizables a otros contextos, especialmente a los de la vida real. Por ejemplo, los psicólogos siguen debatiendo la cuestión sobre si los resultados de laboratorio obtenidos a partir de paradigmas psicológicos sociales o cognitivos, como los estudios de laboratorio sobre agresión (por ejemplo, el paradigma de la agresión de Taylor), tienen validez externa con respecto a ambientes naturales (véanse, por ejemplo, Tedeschi y Quigley, 1996; Anderson y Bushman, 1997). Por el contrario, la validez ecológica se refiere al grado en el que el diseño de un estudio es un reflejo de contextos de la vida real. Por ejemplo, a diferencia de un estudio de laboratorio sobre agresión que haga uso de un generador de descargas eléctricas, un estudio de agresión en contextos en los que esta se dé de forma natural, como un estudio observacional sobre peleas en bares (véase, por ejemplo, Graham y Wells, 2003), cuenta con un alto grado de validez ecológica. No obstante, un estudio de este tipo no tiene un alto grado de validez externa si sus resultados no son generalizables a otras situaciones de la vida real (véase Mook, 1983, para leer un análisis más amplio).

31) Validez aparente y validez de contenido. La validez aparente mide el grado en el cual los ítems de un test parecen medir el dominio de interés (Lynn, 1986). Según muchos psicómetras, el nombre de este término es erróneo, ya que, en sentido estricto, el concepto al que se refiere no es de ningún modo una forma de validez (Nevo, 1985). Es más, la validez aparente depende en parte de la percepción subjetiva del observador y lo que puede tener validez aparente para una persona evaluada puede no tenerla para otra. A diferencia de la validez aparente, la validez de contenido hace referencia al grado en el cual los ítems de un test son una muestra representativa del universo del dominio del constructo. En otras palabras, un test que tenga validez de contenido es un reflejo adecuado de todo el espectro del constructo (Haynes et al., 1995). En principio, un test puede tener validez aparente, pero tener un grado bajo de validez de contenido y viceversa.

32) Análisis factorial y análisis de componentes principales. Como se ha mencionado en otras publicaciones, tanto nuestras como de otros autores (véase, por ejemplo, Lilienfeld et al., 2015), el análisis factorial está concebido para descubrir las dimensiones subyacentes en una matriz de correlación y busca determinar las dimensiones más generales que explican la covarianza entre variables. Por otro lado, el análisis de componentes principales (que frecuentemente se escribe mal como análisis de componentes de principio) está pensado para crear un conjunto más pequeño de variables ponderadas que reproduzcan adecuadamente la mayor parte de la varianza de las variables originales en el conjunto de datos. Como consecuencia, el análisis de componentes principales busca simplificar un gran conjunto de variables, de modo que la cantidad de variables sea más manejable y que mantenga la mayor parte de la varianza original. Por lo general, se hace con el objetivo de minimizar el riesgo de error de tipo I en análisis posteriores (Fabrigar et al., 1999). El análisis factorial solo tiene en cuenta la varianza compartida entre variables, mientras que el análisis de componentes principales conserva toda la varianza de estas variables.

33) Validez predictiva y validez concurrente. Muchos autores utilizan el término validez predictiva para referirse al grado en el que existe una correlación entre un test y otras medidas aplicadas a la vez (véase, por ejemplo, Bell et al., 1992). No obstante, este término debe reservarse para los casos en los que los investigadores estudian el grado en el que un test pronostica resultados futuros (Carmines y Zeller, 1979). El error de confundir estos dos tipos de validez probablemente proviene de la confusión entre predicción estadística, que se refiere al grado en el que una variable tiene una relación estadística con otra (Meehl, 1954) y predicción longitudinal. La validez predictiva solo se refiere a este segundo significado, mientras que la validez concurrente se refiere al grado en el que existe una correlación entre un test y otras medidas aplicadas a la vez. Ambos términos suelen incluirse en el término más genérico de validez convergente.

34) Mediadora y moderadora. Estos dos términos se confunden fácilmente y de forma generalizada, y son la cruz de muchos estudiantes principiantes de posgrado. Una variable mediadora (c) es la que interviene entre dos variables correlacionadas (a y b) y explica al menos parcial (mediación parcial) o totalmente (mediación total) su relación estadística. Por ejemplo, Starr et al. (2014) hallaron que un bajo grado de sociabilidad y la hipersensibilidad interpersonal mediaban la relación entre el trastorno de ansiedad social en mujeres evaluadas a los 15 años de edad y la depresión, evaluada 8 años después. Por el contrario, una variable moderadora (c) es la que afecta estadísticamente la dirección o la magnitud (o ambas) de la relación entre las variables a y b. Por ejemplo, Stern et al. (1982) describieron que la relación positiva entre acontecimientos vitales y la gravedad de la enfermedad era mayor para sucesos incontrolables (como la muerte de un cónyuge) que para sucesos controlables (como un divorcio). Las variables mediadoras tienden a responder a preguntas del tipo cómo o por qué (por ejemplo, ¿cómo la activación conductual mejora los síntomas de la depresión?), mientras que las variables moderadoras suelen responder a preguntas del tipo por qué, para quién/cuál y en cuál/qué (por ejemplo, ¿para qué sexo es mayor la correlación entre impulsividad y violencia?, ¿en qué circunstancias la psicopatía predice en mayor medida la violencia?) (Baron y Kenny, 1986; Frazier et al., 2004). Para terminar de hacerlo más confuso, en principio, una variable puede ser tanto mediadora como moderadora (James y Brett, 1984).

35) Prevalencia e incidencia. La prevalencia se trata de la proporción de personas en una población con una enfermedad concreta, como un trastorno psiquiátrico. Por ejemplo, la prevalencia puntual se refiere al porcentaje de personas en una población que cumplen los criterios para una enfermedad en un momento dado. Por el contrario, la incidencia hace referencia a la tasa de aparición de nuevos casos de personas con una enfermedad a lo largo de un periodo específico, como un mes o un año (Hoek y Van Hoeken, 2003). Para hablar de forma más técnica, la prevalencia es igual a la incidencia multiplicada por la duración (Streiner, 1998). A pesar de esta diferencia, muchos autores se refieren erróneamente a la incidencia de la esquizofrenia y otros trastornos mentales cuando realmente tenían intención de hablar de la prevalencia (véase, por ejemplo, Weiser et al., 2002).

36) Factor de riesgo y causa. Un factor de riesgo es una variable que: a) precede a la aparición de un trastorno; y b) está relacionada con una mayor probabilidad de presentarlo. Sin embargo, no todos los factores de riesgo son factores de riesgo causales (véase Kraemer et al., 1997, para leer un análisis al respecto). Por ejemplo, aunque las alteraciones de la atención suelen ser anteriores a la aparición de la esquizofrenia y tienen una relación estadística con esta (Cornblatt y Obuchowski, 1997), es posible que simplemente sean una variable indirecta de los procesos causales subyacentes a la esquizofrenia, en lugar de un contribuyente a la aparición de la esquizofrenia como tal. En comparación, el fallecimiento de un ser querido parece anteceder y, a la vez, tener relación causal con el riesgo de aparición de una depresión mayor (Kendler, 2005).

37) Desviación estándar y error estándar. Se suele utilizar la desviación estándar como un índice de la dispersión (variabilidad) de las puntuaciones de una variable, en otras palabras, mide el grado en que las puntuaciones se dispersan alrededor de la media. Por otro lado, el error estándar es la desviación estándar de la distribución de muestreo de un estadístico, como la media o el coeficiente de correlación. Por consiguiente, es un índice de la certeza de la estimación que se hizo de un estadístico en una muestra y, por lo general, se utiliza para generar intervalos de confianza alrededor de este estadístico (Streiner, 1996).

38) Regresión escalonada y regresión jerárquica. La confusión entre estos términos ha contribuido a todo tipo de problemas en la interpretación de los análisis de regresión múltiple. En la regresión escalonada múltiple, cada variable predictora se selecciona automáticamente a partir de su correlación residual (semiparcial) más alta con la variable criterio. A diferencia de esto, en la regresión jerárquica múltiple el investigador introduce a la fuerza las variables predictoras para determinar su contribución incremental más allá de otras variables predictoras. Los procedimientos de regresión escalonada tienen la mala fama de producir una gran cantidad de errores de tipo I (falsos positivos) debido a que es posible incluir o excluir las variables predictoras de las ecuaciones de regresión a partir de diferencias pequeñas, e incluso diminutas, en sus correlaciones semiparciales. Por lo general, estas diferencias no se pueden reproducir entre muestras (Whittingham et al., 2006; Streiner, 2013). La confusión entre las regresiones múltiples escalonadas y jerárquicas es entendible debido a que, en la regresión jerárquica, el investigador introduce las variables siguiendo pasos secuenciales (lo que podría confundirse con el significado de escalonado).

Varios

39) Clarividencia y precognición. El término clarividencia (su origen etimológico viene del francés ‘visión clara’) se usa frecuentemente en escritos de psicología popular y académica para hacer referencia a la supuesta capacidad de pronosticar el futuro mediante capacidades extrasensoriales (véanse, por ejemplo, Van Zandwijk y Van De Vijver, 2007; Konnikova, 2016). Por ejemplo, para referirse a un estudio del papel de los sistemas dopaminérgicos mesencéfalicos en la predicción de estímulos futuros, una nota de prensa de una universidad lo describió como una investigación de «Clarividencia en el día a día: cómo el cerebro toma decisiones» (ScienceDaily, 2011). Este uso es incorrecto, ya que la clarividencia es una presunta capacidad de detectar la presencia de objetos ocultos (u objetos que están fuera del alcance de los sentidos) mediante poderes psíquicos. El término correcto que describe la supuesta capacidad de predecir el futuro mediante poderes psíquicos es precognición (Steinkamp, 1999). Sin embargo, merece la pena mencionar que el respaldo científico es mínimo tanto para la clarividencia como para la precognición (Hyman, 2017).

40) Estado de coma y estado vegetativo persistente. Debe distinguirse entre dos términos muy relacionados: estado de coma y estado vegetativo persistente (EVP); este último recientemente ha pasado a llamarse síndrome de vigilia sin respuesta (Laureys et al., 2010). Las personas que entran en estado de coma después de un traumatismo craneoencefálico, una sobredosis o un uso indebido de medicamentos, una falta de oxígeno en el cerebro o una enfermedad no responden a estímulos externos (como la luz o el sonido), no se les puede despertar, no responden a órdenes verbales, no realizan movimientos intencionales ni tienen un ciclo de vigilia-sueño (Monti et al., 2010). Algunas personas con una lesión encefálica grave pasan de estar en estado de coma a EVP, en el cual la persona no tiene consciencia normal de sí misma y del entorno. A diferencia del estado de coma, que usualmente dura menos de un mes y del que la persona puede salir sin ninguna lesión cerebral o con diversos grados de esta; el EVP puede durar muchos años y puede causar afectación cognitiva y funcional permanente. En comparación con el estado de coma, en el EVP el nivel de consciencia de la persona puede variar en respuesta a la estimulación y se conservan ciertos reflejos y respuestas automáticas (por ejemplo, bostezos, muecas, gemidos y apertura de ojos durante la alimentación) (Laureys et al., 2004). Aunque el ciclo de vigilia-sueño parece mantenerse en el EVP, ya que abren y cierran los ojos ocasionalmente, no está claro si se conservan los ritmos circadianos. Las personas a veces confunden un EVP con muerte encefálica, que ocurre cuando no se observa actividad encefálica ni reflejos del tronco encefálico. Aun así, en el EVP se conservan las funciones que no son cognitivas, es decir, que corresponden al cerebro posterior (como respiración, digestión y circulación), y es posible que algunas «islas» de consciencia permanezcan intactas (Owen et al., 2006). Un estado irreversible entre el EVP y la muerte encefálica puede suponer dilemas éticos especialmente problemáticos para los cuidadores cuando no hay directrices jurídicas con respecto a la prolongación de la vida por medios artificiales, como en el caso muy divulgado de Terri Schiavo, una mujer de Florida que se mantuvo en un EVP durante 15 años antes de que se le suspendieran las medidas de soporte vital en 2005.

41) Prueba con equidad cultural y prueba sin influencia cultural. En las puntuaciones de una prueba con equidad cultural no se observa sesgo de la pendiente (validez diferencial) entre culturas. Es decir, una prueba con equidad cultural se relaciona de igual forma con la capacidad evaluada, como la inteligencia, independientemente de la cultura de la persona evaluada. Por otro lado, en una prueba sin influencia cultural, que es una medida hipotética que es casi con certeza poco realista como objetivo psicométrico, las puntuaciones no se ven afectadas de ninguna forma por las experiencias culturales de las personas evaluadas (Sternberg y Sternberg, 2010).

42) Delirio y demencia. Ambos términos se confunden fácilmente debido a que las personas con demencia pueden presentar delirio (también llamados cuadros confusionales agudos), caracterizados por cambios en la conciencia y la conducta que incluye confusión y pensamiento desorganizado, agitación y alteraciones de la atención, el estado de ánimo y la percepción. El delirio suele tener un inicio abrupto y puede fluctuar en periodos breves. En comparación, la demencia, como la enfermedad de Alzheimer, suele estar caracterizada por la aparición lenta y progresiva del deterioro de la memoria, el razonamiento, la personalidad y el funcionamiento mental y motor, y se va produciendo a lo largo de meses y años (Lippmann y Perugula, 2016). Hay muchas causas posibles de delirio además de la demencia, tales como infecciones, abstinencia de alcohol, alteraciones metabólicas y electrolíticas, y alteraciones cerebrales, cardíacas, renales, hepáticas y pulmonares (Lipowski, 1990). Los científicos siguen intentando identificar la causa de la enfermedad de Alzheimer, aunque otros tipos de demencia (Chiu et al., 2006) tienen su origen en enfermedades cardiovasculares (como la demencia vascular) y en problemas con los cuerpos de Lewy o depósitos anormales de proteínas en el cerebro (como la demencia con cuerpos de Lewy) y pérdida de neuronas en los lóbulos cerebrales frontales y temporales (como la demencia frontotemporal). A diferencia de los episodios de delirios, que suelen ser tratables, no existen intervenciones eficaces a largo plazo para recuperarse de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias (Sink et al., 2005).

43) Enfermedad (como alteración objetiva) y enfermedad (como experiencia subjetiva). La mayoría de sociólogos y antropólogos culturales distinguen entre las dos acepciones de esta palabra: para referirse a la alteración anatomopatológica o la disfunción de una parte del organismo y para referirse a las reacciones psíquicas de la persona afectada ante esta alteración o disfunción (Kleinman et al., 2006).

44) Inundación e implosión. La inundación es una forma específica de exposición con prevención de respuesta (EPR), siendo este último el tratamiento de elección para las fobias específicas, el trastorno obsesivo-compulsivo y muchos otros trastornos. En la inundación, se expone a los clientes a estímulos de alta intensidad, usualmente durante un tiempo prolongado, hasta que el miedo desaparece (Stern y Marks, 1973). Por ejemplo, se puede llevar a una persona con acrofobia (fobia a las alturas) a la última planta de un rascacielos y pedirle que mire hacia el suelo durante varias horas. La inundación se diferencia de la exposición gradual, que es otra forma de EPR, por la cual se expone a las personas a una jerarquía de menor a mayor intensidad de estímulos que desencadenan el miedo (Schumacher et al., 2015). La inundación se puede aplicar en vivo (en persona), como en el ejemplo anterior de la acrofobia, imaginariamente o mediante realidad virtual. A diferencia de la inundación genérica, la implosión (terapia implosiva) es una forma específica de epr en la que la persona se expone en la imaginación a versiones extremas y muy exageradas de los estímulos que supuestamente captan su miedo «básico», el cual parece originarse por conflictos inconscientes (Stampfl y Levis, 1968). Por ejemplo, en la implosión, es posible que el psicoterapeuta interprete la fobia a los caballos de su cliente como un reflejo simbólico de miedos edípicos inconscientes y, a continuación, lo exponga sistemáticamente a imágenes cada vez más violentas de él asesinando a su padre.

45) Hipnagógico e hipnopómpico. Ambos términos se refieren a alucinaciones que suelen observarse en personas con narcolepsia, pero que también se presentan ocasionalmente en personas totalmente sanas. Estas alucinaciones suelen ser auditivas, pero a veces son solo visuales o tienen componentes auditivos y visuales. Las alucinaciones hipnagógicas ocurren cuando la persona está quedándose dormida, mientras que las alucinaciones hipnopómpicas suceden cuando está despertando (Jones et al., 2009). Como regla mnemotécnica útil, se puede recordar que las alucinaciones hipnagógicas (nótese el énfasis en la a de anochecer) ocurren al momento de ir a dormir.

46) Enajenación mental e incapacidad. La enajenación mental (insanity en el derecho procesal penal estadounidense) es un término jurídico que se refiere a la responsabilidad penal. Si se considera que las personas investigadas presentan enajenación mental (al menos en los 46 estados de Estados Unidos en los que este tipo de alegación de inimputabilidad sigue registrada en los libros), no son consideradas culpables del delito. El fundamento del eximente por enajenación mental es distinta en cada estado, pero en la mayoría de los casos depende de que la persona investigada comprendiera que sus acciones eran ilegales en el momento de cometer el hecho, que comprendiera que el acto era reprobable o ambos. En algunos estados se tiene en cuenta la aparente capacidad de la persona de controlar sus impulsos. Por otro lado, si se considera que la persona investigada no tiene la capacidad para someterse a juicio, este no puede ni siquiera iniciarse. La capacidad (competency en el derecho procesal penal estadounidense) requiere que la persona acusada comprenda la naturaleza de las acusaciones que se hacen en su contra y que pueda recibir de forma eficaz el asesoramiento de un abogado (Roesch, 1979; Johnson et al., 1990). Otro término que se confunde usualmente con la enajenación mental es la perturbación de la capacidad jurídica (diminished capacity en el derecho procesal penal estadounidense), que hace referencia a la consideración de que algunas situaciones (por ejemplo, que la persona acusada haya estado bajo el efecto de un factor estresante personal extremo durante el momento del acto violento) deben mitigar la gravedad de la pena de la persona investigada (Miller, 2015). En el caso de aplicarse la perturbación de la capacidad jurídica, a la persona se le declara culpable, pero recibe una pena de menor gravedad.

47) Recaída y recidiva. Ya que estamos, aprovechamos para mencionar las diferencias entre las cinco R del tratamiento psicológico y psicofarmacológico: respuesta, remisión, recuperación, recaída y recidiva (Frank et al., 1991; Serani, 2011). La respuesta alude a la mejoría del trastorno mental, especialmente la depresión, después de un tratamiento. La remisión hace referencia a una mejoría total que dura mínimo 4 meses tras el tratamiento. La recuperación se refiere a una mejoría total que dura mínimo 6 meses tras el tratamiento. Recaída y recidiva son dos R que se confunden con especial facilidad. El primer término describe la reaparición del trastorno durante el periodo de remisión (es decir, antes de la recuperación), mientras que recidiva indica la reaparición del trastorno después de la recuperación.

48) Factor estresante y estrés. Los factores estresantes hacen referencia a acontecimientos vitales que tienen la capacidad de alterar el equilibrio del organismo y, por otro lado, el estrés es la reacción subjetiva del organismo ante los factores estresantes (Selye, 1956; Wheaton y Montazer, 2010). Por lo tanto, usualmente son incorrectos los títulos de algunos artículos, como «¿El estrés daña el cerebro?» (Bremner, 1999), ya que el estudio que se comenta se centró básicamente en los factores estresantes como las causas iniciales del daño cerebral y no como mediadores de este.

49) Estudio y experimento. Un estudio se define como cualquier tipo de investigación psicológica. En cambio, un experimento es un tipo específico de estudio en el que se asignan grupos aleatoriamente a los participantes y en los que el investigador manipula una variable independiente (Mitchell y Jolley, 2012). A propósito de esto, la aleatorización de la asignación no debe confundirse con la aleatorización de la selección, que es la forma en la que los participantes fueron elegidos inicialmente, no como se les asignaron las condiciones experimentales (Sullivan, 2009).

50) Realización de pruebas y evaluación. La realización de pruebas psicológicas hace referencia a la aplicación de medidas psicológicas a las personas, tales como cuestionarios de autoinforme, entrevistas o test de inteligencia. A diferencia de esta, la evaluación psicológica hace referencia a la integración e interpretación de las puntuaciones de las pruebas, casi siempre con otra información (por ejemplo, datos de la vida de la persona y observaciones conductuales durante la realización de las pruebas) para hacer inferencias sobre el estado mental del evaluado (Matarazzo, 1990; Hecker y Thorpe, 2005).

CONCLUSIONES

La capacidad de diferenciar entre términos que son superficialmente distintos es un requisito para la adquisición de conocimiento científico preciso, dentro del cual se incluye el conocimiento psicológico. Sin esta capacidad, la confusión conceptual es prácticamente inevitable. En términos más generales, distintas definiciones de pensamiento crítico en psicología educativa resaltan la necesidad de adquirir un léxico especializado en el ámbito de interés de la persona y, más importante todavía, la necesidad de hacer diferenciaciones sutiles entre conceptos aparentemente relacionados pero distintos (van Gelder, 2005). Por ejemplo, un grupo de autores escribió que adquirir conceptos clave no consiste fundamentalmente en adquirir nueva terminología, sino en aprender a establecer las diferencias correspondientes (Bailin et al., 1999, p. 293). En este sentido, esperamos que nuestro «listículo» de parejas de términos psicológicos que se confunden con frecuencia sea una contribución modesta para mejorar no solo la adquisición de competencias en psicología (Boneau, 1990), sino también, en general, el pensamiento crítico en psicología.

CONTRIBUCIONES DE LOS AUTORES

SOL conceptualizó e hizo el borrador del artículo inicial e incorporó las ediciones de los coautores. AP hizo la investigación de los antecedentes para el artículo y ayudó a identificar los términos. SJL ayudó a redactar varias secciones del artículo y ayudó en la edición. RL e IW ofrecieron sugerencias de términos y ayudaron en la edición.


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